Cuba

En vez de atacar a la Revolución Cubana , deben cuestionar los problemas internos de la Iglesia Católica.

Desde el pasado año 2020 algunos sacerdotes de la Iglesia Católica, utilizan los púlpitos para lanzar fuertes cuestionamientos a la Revolución cubana, culpándola de la crisis económica que atraviesa el país, sin tocar a su verdadero responsable, Estados Unidos, quien desde hace 62 años sostiene una despiadada guerra económica, comercial y financiera, con  el objetivo de sembrar el desencanto y el desaliento en el pueblo, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas, con el fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del  gobierno.  

¿Por qué no dicen la verdad quienes predican el evangelio?

Sencillamente debido a que responden a la línea política trazada por Estados Unidos para inculcar el rechazo de la población, especialmente de los jóvenes; vieja y gastada táctica que emplean en países que no se doblegan ante sus dictados.

La carta publicada el pasado 24 de enero 2021 por un grupo de sacerdotes y laicos prominentes, no fue casual, se corresponde con los objetivos del gobierno de Estados Unidos y la CIA, en su guerra contra Cuba. Solo hay que estudiar los planteamientos del Departamento de Estado para comprobarlo, y revisar lo que desde hace años dicen algunos de sus más comprometidos colaboradores, entre ellos el sacerdote José Conrado Rodríguez Alegre y el laico Dagoberto Valdés, por solo citar a dos de ellos.

De la más reciente horneada de esos elementos, están los sacerdotes católicos Alberto Reyes Píasy Rolando Montes de Oca, ambos de la Arquidiócesis de Camagüey, firmantes de la mencionada carta contrarrevolucionaria, quienes emplean las redes sociales para criticar al gobierno y acusarlo de ser responsable de la situación económica, calificándolo de “régimen totalitario”.

Otro de esos sacerdotes es Jorge Luis Pérez Soto, párroco de la iglesia San Francisco de Paula, del municipio de Diez de Octubre, en La Habana y el sacerdote Laureano Hernández Sasso, muy activos en las redes para atacar al gobierno revolucionario.

¿Quién les facilitará el dinero para poder navegar, si ellos no tienen un salario que respalde ese gasto?

Sin embargo, ninguno de los firmantes de la carta, que dicen “preocuparse tanto” por la situación del pueblo cubano, hablan de los graves problemas internos que tiene su institución religiosa, entre ellos los escándalos de pederastia y corrupción, algo que quizás no hacen por temor a exponer con valentía esos delicados asuntos, que envuelven a cientos de clérigos en todo el mundo.

¿Acaso esos temas de tanta importancia que afectan a miles de niños y adolescentes, no merecen que desde los púlpitos se denuncien y alerten a la sociedad?

En vez de apoyar a los yanquis en su guerra criminal contra la Revolución cubana, deberían unirse a la campaña mundial contra los abusos sexuales y las violaciones que realizan muchos sacerdotes, y exigir cambios urgentes en la Iglesia Católica, con vistas a cortar de raíz tales delitos, cometidos por quienes pecan impunemente.

Diarios internacionales como el español El País, llevan a cabo sin miedo, una permanente guerra contra sacerdotes aberrados, incluso señalan la complicidad en el ocultamiento de la información que han tenido algunos Papas.

¿Por qué esos que atacan la Revolución, no exigen una Iglesia Católica diferente, plural y abierta, que responda a la vida actual del mundo y exprese realmente a los intereses de la población?

La crisis moral de la Iglesia es una herida abierta en el alma de los creyentes, debe ser expuesta y analizada sin miedo, ese que embarga a los sacerdotes y monjas hasta los tuétanos, por temor a represalias de Obispos y Cardenales.

Se necesitan cambios radicales para abrir caminos nuevos en la Iglesia y para lograrlos se precisa audacia, amor a la verdad, escuchar a los miles de niños violados y aceptar con valor lo que sucede y se calla para evitar más escándalos.

El pasado 1ro de febrero 2021, diario El País, de España, afirmó:

“Tras los jesuitas, siete congregaciones reconocen 61 episodios de pederastia, mientras los Obispos se niegan a revisar su pasado. El total de víctimas en la Iglesia se eleva a más de 500. Decenas de entidades, los Hermanos Maristas, La Salle y los Agustinos, siguen negándose a revisar su pasado. El resto admite, por el momento, 61 casos de religiosos pederastas, 42 de ellos desconocidos hasta ahora”.

“Se cumplen dos años de la Cumbre en el Vaticano sobre pederastía, celebrada en febrero de 2019, y la Iglesia española apenas ha dado pasos”. “En octubre de 2018 creó una comisión contra la pederastía para actualizar los anacrónicos protocolos vigentes desde 2010, pero más de dos años después nada se sabe de su trabajo”.

“Muchos Obispos en todo el mundo, como ha sucedido durante décadas, siguen mirando hacia otro lado, alegando falta de información, cuando tienen conocimiento de este tipo de asuntos”.

“Según un informe del Vaticano, Juan Pablo II y Benedicto XVI ignoraron los abusos sexuales del Cardenal Theodor McCarrick, nombrado Obispo auxiliar de Nueva York en 1977, por Pablo VI. Los rumores y acusaciones sobre su conducta comenzaron con Juan Pablo II, pero en 1986 lo nombró Arzobispo de Newark”.

“En Alemania, los Obispos encargaron una auditoría externa que duró cuatro años. En septiembre de 2018 se hizo pública: De 1946 a 2014 sufrieron abusos 3 mil 677 menores a manos de mil 670 religiosos”.

“Francia, en 2018 creó una comisión independiente que ha comenzado a investigar la cuestión, con un llamamiento en vídeo a las víctimas para que aporten sus testimonios, y esperan tener un informe en 2020 o 2021”.

“En 2000, el Gobierno de Irlanda conformó una comisión de investigación, que en 2009 entregó un informe demoledor”.

“En Chile, la Fiscalía ha tomado la iniciativa, sin importarle que muchos casos estuvieran prescritos”.

Los graves delitos cometidos dentro de la Iglesia deben ocupar la conciencia de quienes, al servicio de los yanquis, pretenden empañar la obra de la Revolución, porque quien necesita cambios bien profundos, es precisamente esa institución religiosa enfangada de pies a cabeza.

Bien decía José Martí:

“En nombre de la fe se ha mentido mucho”

El Heraldo Cubano

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