Cuba

EL PUEBLO CUBANO, EL REFERÉNDUM CONSTITUCIONAL Y SU RESPALDO A LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

Por Ariel Lemes Batista
Durante algunos días publiqué en mi perfil de Facebook y en diferentes grupos de la red de redes en los que suelo participar, varias publicaciones sobre la defensa de los derechos humanos en Cuba y las conquistas sociales de la Revolución. Las respuestas no se hicieron esperar. La mayoría de los internautas apoyaba mis palabras. Amigos, compatriotas conocidos y no, ciudadanos solidarios con la Isla de muchos países, aportaron ideas, alabaron los logros de nuestro país de los últimos 60 años a pesar del cruel y criminal bloqueo yanqui.
También contestaron los que mantienen una posición contraria, hasta hostil, fascista, incendiaria en no pocas ocasiones. Por suerte, los menos. La diatriba, las mentiras repetidas y manipuladoras, los argumentos tergiversados por los medios de prensa occidentales, palabras sacadas del guión anticubano de la Casa Blanca que circulan en Internet, posturas ideológicas mezquinas, fotos trucadas y fuera de contexto, memes, las acostumbradas frases hechas y huecas contra la Mayor de las Antillas…, son por lo general los argumentos que ofrecen.
La “sanguinaria dictadura castrista”, las “faltas de libertades de los cubanos”, el pueblo “oprimido sumiso y pusilánime que no se rebela contra la tiranía”…, devienen sus “sólidas” pruebas. Ponen en duda hasta el referéndum en el pueblo cubano ratificó, con un contundente Sí, la nueva Constitución Socialista, el 24 de febrero de 2019, cuando se cumplían 124 años del reinicio de la guerra de independencia.
Cuando en las redes sociales se aborda este tema, los lacayos del imperio vociferan: “Eso es mentira. Los cubanos no han aprobado ninguna Carta Magna”. ¿Cómo aceptar que en una “dictadura”, el pueblo apruebe, con el 86,85 % de los votos, una Ley de Leyes, que de paso derogue otra que estuvo vigente desde igual fecha de 1976 y que tiene el mérito de ser la primera Constitución socialista del Hemisferio Occidental?
La maquinaria anticubana tiene que seguir funcionando. La contrarrevolución se solaza de las cuantiosas sumas de dinero que destinan los Estados Unidos para subvertir la Revolución. Denigrar y atacar a su propio país es su medio de vida. En su afán neocolonial, el imperio no perdona que la Isla sea independiente. De tal manera, unos le hacen el juego a los imperialistas. Otros, refuerzan el bloqueo para provocar asfixia. Todos engañan a no pocos corderitos yanquizados. Todos buscan igual objetivo: recuperar a Cuba. Reconvertirla en su traspatio. Que regresen sus privilegios.
¿Cómo decirle al mundo, entonces, que el pueblo cubano ha votado por el futuro de la Patria, por la continuidad de las ideas que Fidel inculcó? ¿Cómo reconocer ante el universo que los cubanos adoptaron una Constitución, fiel reflejo de los momentos que vive la Isla, tiempos de unidad y de defensa de la obra iniciada el Primero de Enero de 1959 y que va camino a un socialismo próspero y sostenible, como lo interpreta la mayoría de los cubanos?
¿Cómo los medios de prensa occidentales van a informar a los engañados por ellos mismos que 6 millones 816 mil 169 “víctima de la tiranía” acudieron masivamente a refrendar en las urnas una Constitución Socialista? ¿Cómo continuar manipulando a la opinión pública mundial después que por el SÍ votara el 78,30 % de los “oprimidos? ¿Cómo anunciar que solo el 9,0 % de los votantes hayan dicho NO con un reducido número de boletas anuladas o en blanco?
¿Cómo pretender imponer la matriz de opinión anticubana, después que todos sepan que de los 8 millones 705 mil 723 electores convocados a las urnas, ejercieron el derecho al voto 7 millones 848 mil 343 electores para el 90,15 %, demostrando la cultura política del pueblo?
¿Cómo decir que de esa suma de boletas depositadas en las urna se declararan válidas, por reunir los requisitos establecidos en la Ley, 7 millones 522 mil 569, que representa el 95,85 %? ¿No se traduce lo anterior como un manifiesto respaldo a la obra de una Revolución de los humildes y para los humildes? ¿Que el voto por el NO solo alcanzara 706 mil 400 para el 8,11 %, que constituye el 9 % de los electores que acudieron a las urnas, no prueba el espaldarazo masivo al modelo político elegido por los caribeños?
¿Cómo seguir mintiendo sobre Cuba, máxime si se tiene en cuenta que el proceso democrático tuvo tales resultados a pesar de las campañas de la gusanera y de los enemigos de la Revolución para que no se acudiera a las urnas? ¿Cómo continuar con la mentira y la manipulación, si es conocido por todos que Estados Unidos y sus lacayos tanto dentro como fuera de las fronteras nacionales pedían a la ciudadanía que anulara cada voto y boicoteara los comicios, y de esta forma desacreditar al Gobierno Revolucionario?
Conscientes de que, como dijera Julio Antonio Mella: “Todo tiempo futuro tiene que ser mejor”, los cubanos sienten orgullo porque el referéndum constitucional demostró al mundo, una vez más, la sólida unidad del pueblo y la Revolución. Sobre todo porque con las propuestas y debates, en un ejercicio pleno de democracia, construyó primero y aprobó luego la Carta Magna vigente que perfecciona el socialismo, en aras de lograr una sociedad mucho más inclusiva, y para ser consecuentes con la prédica martiana que: “la primera ley de la República rinda el culto a la dignidad plena del hombre”.
La Constitución está a tono con la actualización del modelo económico, reconoce los distintos tipos de propiedad existentes en el país, en especial la propiedad estatal de todo el pueblo sobre los medios de producción. Protege la necesaria inversión extranjera directa que desarrolle la industria productiva del país. Recoge lo mejor del pensamiento cubano y se adecua al devenir histórico de la nación, a la actuales condiciones del país y al futuro próspero y sostenible que los cubanos han trazado en todas las esferas socio-económicas.
En muestra de dignidad, aprobaron una Constitución que respalda los derechos de los obreros, como son el acceso a un empleo digno, al descanso, a la seguridad social, a las vacaciones anuales pagadas, a las prestaciones, entre otras, en medio de un contexto internacional que pondera la precarización, la deshumanización, la explotación de los trabajadores y el desempleo, el pago desigual, la falta de prestaciones de la seguridad social. También, defiende el derecho que tienen los cubanos de decidir su propio destino y construir una nación próspera con el esfuerzo de todos.
En igual sentido, la Ley de Leyes fue respaldada también con el voto popular porque la misma defiende los derechos de la mujer, los niños, adolescentes, personas de la tercera edad, jóvenes, el derecho a la Salud y a la Educación, el derecho al trabajo digno. El pueblo cubano, con una elevada cultura política e ideológica, reconoce que ningún otro proceso, como el revolucionario, va a estar tan comprometido con su presente y futuro.
La Revolución ha enaltecido el ideario martiano. Martí es un símbolo de la nación. Su pensamiento acompaña siempre a los cubanos. Estos consideran que la Constitución, en esencia, cumple el legado que dejó el Apóstol: “Con todos y para el bien de todos”.
Los fundamentos políticos de la Carta Magna demuestran que Cuba es un Estado de derecho, mientras los fundamentos económicos reflejan todos los cambios en el modelo económico, las transformaciones en el orden social, que partieron de los lineamientos emanados del Congreso del Partido y tiene en cuenta la experiencia de los más de 60 años de lucha del pueblo antillano. La Constitución es una continuidad de toda la obra de la Revolución.
Los que cuestionan esta verdad no imaginan siquiera que este apoyo masivo es más trascendental si se tiene en cuenta que ocurre tras casi seis décadas de genocida bloqueo yanqui, encaminado a rendir al pueblo cubano por penurias. Esta victoria de la Revolución alcanza mayor repercusión si se considera las mellas que cabe suponer han ocasionado las agresiones, calumnias y hostilidad constante de Estados Unidos.
La Revolución ha sido capaz de sobreponerse a todos los designios del imperialismo, superar todos los obstáculos en su camino. Esta fracasada política busca crear dificultades cotidianas entre la población caribeña para que esta responsabilice al gobierno cubano y retire su respaldo. Los cubanos consideran que ningún arrebato imperialista va a trastrocar el camino elegido. Al votar por la Constitución, vota también en contra de las políticas del imperialismo que asfixia y ha impuesto trabas y dificultades al desarrollo nacional.
Los principios de la política exterior de la Revolución quedan ratificados, enriquecidos y modernizados en la Constitución, que en su contenido rinde homenaje a las víctimas del terrorismo, en particular, contra el terrorismo de Estado practicado por los sucesivos gobernantes norteamericanos contra la Isla.
Otro elemento que engrandece los resultados del referéndum, radica que en Cuba votar no es una obligación, sino un derecho cívico. La sociedad llama al civismo, a que la persona ejerza su derecho al voto y exprese así su compromiso con la sociedad. La votación deviene un mecanismo de validación del sistema político escogido. En Cuba, los altos niveles de votación durante las últimas décadas han demostrado la fortaleza y el vínculo del pueblo con el modelo político elegido.
En contexto, la votación tuvo lugar en momentos en que Estados Unidos recrudecía la ofensiva neoliberal y la hostilidad imperialista contra América Latina, en especial Venezuela. La patria de Chávez y Bolívar salían triunfantes también en esos días sobre los tambores de la guerra, el robo de los recursos naturales y la muerte.
Estados Unidos sigue empeñado en destruir la obra revolucionaria. No le perdona a Cuba el “error” de su rebeldía, la “insolencia” de salir de su órbita de dominación. No “absuelve” al pueblo cubano de ser libre y soberano. No tolera que en sus propias narices haya vencido una Revolución socialista y que esta ponga al ser humano por encima de todo. Por lo tanto, su castigo es contra un pueblo que defiende su independencia alcanzada en 1959.
Como igualmente una dictadura nunca se mantendría eternizada en el poder contra la voluntad de un pueblo, ninguna Revolución se sostiene si no es defendida por las masas. Ninguna conquista revolucionaria soportaría la embestida imperialista si no cuenta con el apoyo popular. Con ese objetivo se aprobó la Constitución que regirá los destinos de la nación: preservar la independencia.
Tampoco van a reconocer los imperialistas y sus lacayos que el proyecto de reforma fue sometido a un proceso de consulta popular, inédito en Cuba y el mundo. Entre el 13 de agosto y el 15 de noviembre, casi nueve millones de personas participaron en más de 133 mil reuniones en barrios y centros de trabajo y estudio. Considerado el documento oficial más analizado y debatido por las masas, el 60% del articulado del proyecto fue modificado a partir de más de 780 mil propuestas vertidas por el pueblo, lo cual se corresponde con un enriquecimiento acumulado de la cultura jurídica y política de la población, y su comprometimiento con los destinos de la sociedad cubana.
El voto por el Sí que recibió la vigente Carta Magna se suma a las ya incontables demostraciones de firmeza revolucionaria y fidelidad patriótica del pueblo cubano. No podemos olvidar la reacción de profundo respeto, dolor y lealtad mostrada por los habitantes de esta Isla ante la muerte de Fidel y durante las honras fúnebres que se le rindieron, apenas dos años y dos meses antes de la votación.
Ratificó el referéndum también el perceptible apoyo que la Revolución Cubana sigue mereciendo de su pueblo, a la vez que aumenta las muestras de admiración, respeto y solidaridad en distintas latitudes del planeta. Ello remite a la gran responsabilidad que los líderes de la Mayor de las Antillas tienen con ese pueblo, defensor y garante de la soberanía y la equidad social de la nación.
Muchos de los que en reconocieron inicialmente desconocer sobre el referéndum popular, tomaron las antorchas y salieron a incendiar las redes sociales diciendo que las cifras del voto son falsas. Lo que muchos de los lacayos del imperio tal vez conocían y ocultaron por mezquinos motivos ideológicos antes, durante y después de todo el ejercicio democrático, se hicieron eco de las mismas patrañas imperialistas y de sus voceros para demeritar o denigrar el proceso.
Ellos saben que son reales los guarismos. El propio silencio al respecto los delata. Están al tanto de la limpieza del referendo del 24 de febrero. Comprenden bien que es similar a las demás votaciones llevadas a cabo en la Revolución. Urnas custodiadas por niñas y niños vestidos con su uniforme escolar y no por un ejército, como ocurre en el mundo, son observadas por las agencias de inteligencia enemigas. Escrutinios ante la vista pública, en los que participan con su presencia o en el conteo de votos todos los que deseen, dan fe de una democracia verdadera. Esta realidad es silenciada o negada por los mismos que pretenden destruir la obra revolucionaria. Por los mismos que pretenden esconderla, demeritarla.
El referéndum deviene ejemplo de unidad popular, de verdadera democracia, de fortaleza de la Revolución, de su confianza en el pueblo y viceversa. Esta realidad le duele a los enemigos de Cuba, porque en su odio cavernario, reconoce que esa Constitución, de avanzada, reafirma su carácter socialista. Esta verdad molesta al imperio y a sus corderitos yanquizados en las redes sociales, porque demuestra que los cubanos, con su voto, dignifican y enaltecen el legado de Fidel, de Martí y de Raúl, profundiza los derechos conquistados y pone su horizonte en la continuidad de la obra revolucionaria.

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