Cuba

“Llegó el Comandante y mandó a parar”

“¡Oiga, oiga! Todo lo que yo le pueda decir es poco. La emoción de los pineros, de aquí, fue muy grande cuando vieron a Fidel y los barbudos parados en el portal del Ayuntamiento”, comentó muchas veces mi suegro Rafael cuando hablábamos de la visita que tuvo Fidel a la Isla los días 6 y 7 de junio de 1959, a seis escasos meses del triunfo revolucionario.  Otros pineros con los que he conversado también guardan ese encuentro del líder con el pueblo, como uno de los mayores regalos de esos años.

Y es que ya se cumplen 60 años de esa histórica visita que cambió para siempre el rumbo de

la Isla con las nuevas ideas y proyectos de la naciente Revolución. Un territorio casi despoblado, con una Zona Franca al estilo Norteamericano que marcaba la presencia del imperio aquí, la cual  no pretendía en lo absoluto beneficiar el desarrollo económico-social ni los nuevos proyectos que se emprenderían, y sí un pretexto utilizado por Batista para convertir a este territorio en su garito con suculentos negocios, que robustecían sus bolsillos y los de su cómplices.

Contaba  Rafael  que ese día Fidel vino en un helicóptero sobrevolando  la ciudad de Nueva Gerona y también las tierras existentes que pertenecían en su mayoría a cinco terratenientes básicamente y otros sitios utilizados para el Turismo.

Con detallada descripción me cuenta cómo el Comandante le habló al pueblo de una manera sencilla y clara,  les propuso eliminar la perversa Zona Franca y empezar a trabajar duro, muy duro, para emprender las nuevas tareas que traía la Revolución. Era como si el Comandante hubiera llegado a parar todo lo malo que se hacía, para empezar una nueva historia.

El abuelo hacía el cuento a su manera, y después de pasados más de 40 años se le entrecortaba la voz por la emoción y me decía: “-Mire Sergio, yo nunca había visto un máximo jefe de un país (Fidel Primer Ministro), que hablara tan claro con el pueblo. A ese hombre todo el mundo lo quiere, lo respeta y lo sigue, porque ha hecho mucho por los cubanos, por Cuba y también por la Isla”. Tenía toda la razón el viejo Rafa, desde su apreciación sana veía todo lo bueno que se veía venir  para su Isla y eso o hacía Feliz.

Fue en esa ocasión en la que la eliminación de la Zona Franca se hizo por votación a mano alzada  de los pineros reunidos en el parque Lacret frente al ayuntamiento; ocurrió entonces, lo que pudiéramos considerar como el primer acto de democracia popular de la Revolución, fueron los pineros los que con su voto echaron por tierra a la Zona Franca y así se hacía añicos la influencia yanqui en la Isla de Pinos.

A esa victoria popular le siguió la explicación clara del líder en pleno ejercicio comunicativo con su pueblo; les expuso que,  más que un acto, ese encuentro era una reunión para discutir los problemas de la Isla. Algunos podían creer que al eliminar la zona franca llegaría el atraso y el desahucio a esta ínsula cubana, entonces al propio tiempo les expresó que a partir de ese momento esta hermosa porción de Cuba comenzaría una nueva etapa en su vida, y para ello propuso desarrollar el Plan mínimo de desarrollo, el cual incluía  tareas urgentes para el avance ganadero y citrícola, las construcciones, el transporte marítimo y el turismo.

Fue así  como “llegó el Comandante y mandó a parar” para traer la rehabilitación económica y social a este territorio que había sufrido el saqueo y abandono desde la época de los corsarios y piratas hasta la pseudorepública con el Presidio, la deportación y el vicio como estandarte. La Isla que reciben la Revolución y Fidel, contaba con unas 2 200 viviendas, con solo 192  en buen en buen estado y una parte importante sin el servicio eléctrico. Para atender a esa población se contaba solamente con tres médicos y un pequeñísimo hospital de madera con 32 camas,más del 30% de analfabetismo, entre otras calamidades como que la urbanización abarcaba solo a algunas principales calles de Nueva Gerona y Santa Fe y los demás eran terraplenes.

El Rafe, siempre estuvo orgulloso de Fidel y la Revolución, porque entre todos los beneficios logró que los pineros, apoyados por algunos contingentes de jóvenes muy trabajadores y con un alto sentido del deber con la Patria, hicieran realidad los principales programas que trazó Fidel durante esta primera visita a la Isla los días 6 y 7 de junio de 1959. 



Han pasado 60 años de aquel hecho y como se dice en buen cubano “¡Cómo ha llovido desde esos días hasta hoy!”.  La Isla se colmó de jóvenes, se enfrentaron huracanes, ampliados y modernizados los servicios de salud, más del 80 por ciento del fondo habitacional está en buen estado, crecieron cooperativas y las escuelas como jardines en los campos. Jóvenes de 36 países se formaron aquí en un proyecto internacionalista único en el mundo y durante estos  seis lustros la Isla fue visitada en 39 ocasiones más por su líder. Desde 1978, cuando los jóvenes habían hecho aquí algo grande y transformado la naturaleza y la ciencia como les había dicho Fidel, se ganó el nombre de Isla de la Juventud.

El viejo Rafael no alcanzó a ver los proyectos de hoy, pero estaba convencido de que cuando la Isla más lo necesitó, fue que llegó Fidel, para acabar con los males arrastrados por casi 500 años y ofrecerle las bondades y el bienestar que su pueblo merece.

(Blog El Pinero)

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